Seguimos a Luis, padre de familia que junto con su hijo Esteban, buscan por los desiertos de Marruecos a su hija, de la cual no saben nada y creen que está en una de las multitudinarias raves que se realizan por el desierto. En su camino, conocen Jade y su grupo de amigos que deciden guiarles por el desierto hasta llegar a la próxima fiesta donde puede encontrarse su hija. En este periplo de aventuras semejante al de Indiana Jones en algunos trozos, Luis vivirá los duros golpes de la vida en la gran masa de arena africana. Todo siempre acompañado por la música, que en realidad es muchas veces un motor en nuestra vida, para animarnos, para acompañarnos en diferentes momentos o para simplemente para desconectar con un mundo con el que no siempre estamos a gusto.
Grabada con una Super 16 mm, la película toma el aspecto de un documental, más que de una película, sobre todo al trabajar con actores no profesionales que, a pesar de tener un papel, muestran en realidad lo que se es la vida de un nómada de las raves. La travesía por el desierto con esa calidad de imagen nos hace viajar a otra época donde el cine parecía menos artificial y más puro, a los principios, a la esencia y a lo que era más sentimiento, que comercial.
Esto también lo consigue con unas magníficas localizaciones y un más que abrumador sonido que te traslada a ese desierto y que permite al espectador el viaje interno donde analiza su vida, pasado y presente a través del personaje. En realidad, este es el motivo por el que triunfa la película, un documental que nos permite hace un viaje hacia nuestros adentros.
A pesar de contar con un actor español de prestigio, las actuaciones no son lo importante, no son especialmente lo reseñable de este filme, si no su técnica, su perfección tras la cámara, lo que la ha llevado a ganar 6 premios Goya y estar nominada en los Oscars a Mejor Película de Habla no Inglesa y a Mejor Sonido.
22 nominaciones

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