Partimos con una premisa bastante simplista y típica del terror, una madre, Alicia (Belén Rueda), se muda a una casa muy americana, algo deteriorada y lúgubre con su hija Carla (Vera Centenera) tras un divorcio complicado. A partir de su llegada, comenzarán a ocurrir cosas extrañas en la casa, que harán que las vidas de madre e hija se trastoquen.
A parte de una protagonista de tan renombre, la película también cuenta con la premiada Elena Irureta, quien desde un principio se coloca como la típica vecina anciana que más tarde contará algo relacionado con la casa ya que deja un pastel de bienvenida en la puerta... No puedo haber algo más básico y con premura de eliminación que esta escena.
Tras todo ello, la trama se hace lenta desde los primeros 20-30 minutos, cuando se establece una narrativa carente de fluidez y sorpresa que aburre. Tras intentar introducir conceptos básicos o comercialmente baratos como una separación complicada, bullying en la escuela, eventos pasados que hacen que la casa esté encantada, y giros de guion inconexos; la película corre sin sentido a explicar todo lo posible en el menor tiempo posible. ¿Qué es lo que consigue? Tramas abiertas con personajes que jamás se solucionan, inconexión, o mejor dicho, hilos sin hilvanar en la explicación de sucesos.
Simplemente, El vestido se guía por un guion pobre, carente de calidad argumentativa, sin sentido que busca validez internacional con la no demarcación de un lugar fijo donde se desarrollen los hechos (ubicación exacta). Jacob Santana ha realizado lo que en Estados Unidos llamarían Serie B y que solo se ve en televisión.
¿Lo bueno de la película? La fotografía, lo único que consigue introducirnos en un ambiente lúgubre y oscuro. Salvemos a Belén Rueda que ha intentando hacer lo posible por salvar los muebles ante tal catástrofe filmográfica.

Comentarios
Publicar un comentario