El camino de Paul Thomas Anderson desde 1996 con Sidney, alimenta la imagen de un paseo con trabas y y oportunidades, de un trabajo duro que finalmente llega a un buen lugar. Versado en Thomas Pynchon, demostró su gusto por el autor en 2014 al llevar a la pantalla la adaptación de Puro Vicio, aunque este 2025, su interpretación de su obra Vineyard ha hecho que el director haya creado un filme de denuncia social que ha marcado un año polarizado en todos lo frentes, convirtiéndose en un gran reflejo de la sociedad actual.
Así, Una batalla tras otra se convierte en una sátira política y social que refleja lo vivido en esta última década, siendo totalmente un éxito en cines. El drama, al más puro estilo guerrillero yankee, sigue a Bob (Leonardo DiCaprio), un fabricante de bombas miembro de Los franceses 75, un grupo de izquierda radical que busca la liberación de presos mexicanos en la frontera. Allí tiene relación con Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor), una alocada revolucionaria llena de odio y dolor. Años después de esa época, Bob, escondido de los militares debe hacer frente al Coronel Steven Lockjaw (Sean Penn) que le busca a él y a su hija, Willa (Chase Infiniti).
El thriller, un tanto surrealista e inquietante a parte iguales, refleja la locura del estado norteamericano de los últimos años, donde la guerra actual son los inmigrantes y la gente que busca una vida mejor. Anderson consigue pues, una película apasionante, donde la acción nunca frena y que te mantiene en vilo y en temblor constante. Junto a Leonardo DiCaprio, formula una historia llena de polvo, injusticia y sátira que colocan al sistema de defensa americano bajo las cuerdas.
Podríamos también definirla como una conjunción de películas. Una batalla tras otra funciona como una muñeca matrioska, donde cada personaje tiene su propia película, su propia intrahistoria que es narrada en los 161 minutos que dura.
Todo ello lo logra gracias a dos ingredientes principales: un gran reparto y un árido desierto agobiante.
La fotografía y los escenarios son algo vital en las películas, una buena ambientación siempre hace que algo que pueda ser malo, mejore. En este caso, no mejora, porque no le hace falta, pero sí aporta. Un desierto cerrado, seco, el vacío del infinito del desierto americano es el ingrediente perfecto para lo que debe ocurrir en él.
Leonardo DiCaprio, aunque menor imponente que en otros papeles, consigue darnos a un más que pasado padre que vive en otro espacio y tiempo y que no sabe ver más a allá de sus recuerdos, dándole un carácter estúpido que brinda de comedia a la película. Chase Infiniti, ya conocida por la miniserie Presunto inocente, se desvela como una intérprete madura, en un papel donde pesan más los gestos y movimientos que el texto. Algo que también son la base de la actuación de la hasta ahora desconocida, Teyana Taylor con esa tripa de embarazada disparando al aire con una metralleta y la actuación del veterano Benicio del Toro, en un magistral plano secuencia donde nos relata en pocos minutos su historia.
En todo caso, Una Batalla tras Otra se ha convertido ya en la película de culto que dentro de años aparecerá en la televisión y que no podremos cambiar de canal por lo buena historia que nos relata.

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