
Desde la creación del cine, el relato de Frankestein o el moderno Prometeo ha sido múltiples veces adaptado, comenzando con la más que clásica, El doctor Frankestein de James Whale (1931) con Boris Karloff como el monstruo más típico de frente cuadrado con tornillos, como las adaptaciones de Frankestein y el Hombre Lobo como la de 1943 con Bela Lugosi, pasando por la película centrada en su creador, Víctor Frankestein de 2015 con Daniel Radcliffe y James McAvoy.
La película estrenada el 17 de octubre en cines y el 7 de noviembre en Netflix ha sido uno de los filmes más aclamados desde el punto de vista visual como por su relato.
Para quien hayamos leído la novela, corta pero algo densa, nos damos cuenta, obviamente, de que hay mucho del relato que no se ha contado y que ha sido tergiversado para dar mucho más dramatismo al largometraje. Podemos empezar por la trama corta del padre, la no aparición de los hermanos, su amada ni de su amigo íntimo, pero sería irnos por tramas que en la película no importa.
Analizando la película, deberíamos comenzar por su reparto. Del Toro ha contado para su película con estrellas de peso en Hollywood y con caras nuevas que llevan tiempo haciéndose un gran hueco en el sector, Oscar Isaac (Dune, Star Wars), Jacob Elordi (Euphoria, Saltburn), Christoph Waltz (Malditos bastardos, Jango Desencadenado), Mia Goth (El secreto de Marrowbone, La cura del bienestar) Chales Dance (Juego de Tronos) y David Bradley (Harry Potter, The Strain). Partiendo de una elenco algo llamativo, Del Toro ha creado un mundo plenamente basado en la época del romanticismo a través de la filosofía del guion y la imagen.
Acercándose mucho al estilo filosófico de la belleza de Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray, Del Toro, cautiva al espectador con una reflexión entre el amor paternal y la necesidad de saber que se es. La necesidad de conocerse a uno mismo a través del cariño de un padre, un pilar fundamental en nuestro desarrollo como humanos. Tratando de hacer un humano desde el cuerpo de un monstruo a lo Pinocho, exploramos la necesidad y tristeza de un personaje que se puede ver como un ser despreciable al comienzo, pero como una tierna persona en busca del cariño.
Ciertamente, el director mexicano, coloca desde el principio de la película al doctor Frankestein como un ser plenamente despreciable, altivo y desconsiderado debido a una infancia algo dura. Esto ya nos coloca desde el lado de una víctima, de ese ser creado por sus propias manos y a quien luego detesta por su propio egoísmo y afán de triunfo.
Aunque todo, realmente no sería del todo motivador si no fuera por esos escenarios que suponen la parte fuerte de la película. El exterior del helado mar en el Ártico, el acantilado donde reside Frankestein, o las alcantarillas bajo su casa hacen que nos envuelva un escenario lúgubre y gótico que nos ilumina la vista, sobrecogiéndonos. En algo se me parece a esos escenarios, para nada comparables, de las películas de terror de los años 50 y 60 como Drácula o El baila de los vampiros ya que consiguen un efecto de envoltura por la penumbra y lo lúgubre del ambiente. También a reseñar los espacios internos y el vestuario, sobre el todo el que porta Mia Goth.
Por último cabe resaltar la magnífica actuación de Jacob Elordi como el monstruo, sus movimientos algo torpes al principios, su mirada cuando descubre lo desconocido o su voz tan agravada para poder contextualizar al personajes. Isaac por su parte también destaca con esas miradas de locura y altivez, esa vena que se le inflama en la frente y esos movimientos algo exagerados, pero detonantes que ayudan a vivir en su locura.
La película compite en 11 nominaciones a los Critic's Choice Awards este 4 de enero y por 5 a los Globos de Oro el 11.
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