La premisa ya de primeras es muy llamativa, sobre todo para los que somos fans de la historia y más si es una historia desconocida. Todo ello acompañado de una buena cartelería y un reparto más que destacado, es un conjunto perfecto. Michael Shannon encarna a James A. Garfield, un senador de Ohio que yendo a apoyar a un postulado a presidente en la convención republicana, acabando ganando él la votación. Mientras, Charles J. Guiteau, un hombre con enfermedad mental y estafador se obsesiona con su campaña creyéndose un gran influyente en la causa, interpretado de forma magistral por Mathew Macfayden. Además, el reparto lo completan Betty Gilpin como Lucretia Garfield, Nick Offerman como el vicepresidente Chester A. Arthur, Bradley Whitford como el secretario de estado James G. Blaine y Shea Whigham como Roscoe Conkling.
La serie, desde un primer momento sabe contener en todo momento la tensión necesaria para que el espectador separa qué y cómo pasó. Todos sabemos el final, la propia sinopsis en Netflix lo dice, pero lo emocionante es como se llega. Mantener constantemente el interés por una trama es algo complicado y más en una época en la que queremos todo en el momento. Algo que hace que esto sea posible es la elección correcta de qué contar y cuando, aunque haya desajuste histórico-temporal que da más espectáculo.
En buena parte, el reparto es el causante de que la serie sea todo un éxito, a parte, obviamente de un maravilloso vestuario y escenario. En el reparto, Michael Shannon brilla en cada segundo, mantiene un magnetismo con la cámara, una figura que constantemente se nota presente, diga, haga o solo esté tumbado en la cama tiene una presencia incluso intimidante. La otra baza la tiene Mathew Macfayden, el actor que ya triunfó con Succession vuelve a hacer de las suyas y marca un personaje excéntrico y enfermo que al contrario que Shannon destaca por las llamadas de atención y la hiperactividad, retratando muy bien la inestabilidad de Guiteau. Por su parte, Nick Offerman juega con un papel ambiguo y de frágil personalidad que le hace destacar, siendo al final, un personaje querido y por el que todos sentimos lástima. También quiero destacar la actuación de Betty Gilpin que domina el drama a la perfección y a Bradley Whitford, que por desgracia no puedo desarraigarlo de El Cuento de la Criada.
En resumen: una obra de arte que espero que esté en los Emmys.

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