Backrooms surge de la unión de cortometrajes que el propio director realizó durante la pandemia y que triunfaron en Youtube cuando solo tenía 15 años. Acompañado de Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve y Mark Duplass, el director ha creado una obra de arte que va más allá de una película típica de terror al uso.
Nos encontramos en un plano fuera de lo cotidiano en el terror, una habitación inmensa que recuerda a unas oficinas de los años 80-90 con el típico papel pintado de color amarillo vómito. Un espacio diáfano, conectado con una multitud de salas aparte a través de escaleras, rampas y puertas, de donde no parece haber salida. ¿Estás solo entre esas paredes o hay alguien más? Clark es un vendedor de muebles arruinado y divorciado que es tratado por la doctora Mary Kline, psicóloga para tratar de avanzar. Tras una sesión, en su tienda de mueble descubre que puede traspasar la pared del sótano y aparecer en las oficinas anteriormente vistas. ¿Qué es ese lugar?
Como decía anteriormente, jugamos en otro plano, no hay monstruos, no hay escenas del género gore, solo hay surrealismo, irrealidad, agobio, pánico, todo un conjunto paranoico que te crea un nudo en la garganta que no te deja continuar.
Hablamos de la depresión, de la ansiedad, de la bipolaridad, del trastorno de la personalidad, de la paranoia. Hablamos de un mundo de encierro, angustia y soledad donde, a veces, nosotros mismos nos encontramos y del cual nos cuesta saber salir. Toda una oda a la salud mental, a la creación del inconsciente como decía Jung. Un juego mental de recuerdos mezclados con la invención propia del ser humano que crea un mundo de irrealidad y sufrimiento.
Una película para que muchos pueden no estar preparados, pero necesaria. Todo un éxito que ha hecho de Pearson el que posible sea un nuevo maestro del terror.

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